La mayoría de los niños que se resisten a dormir en su propia habitación sienten miedo o ansiedad cuando quedan a solas en la oscuridad. El primer paso consiste en validar ese temor: no se lo estás inventando, realmente lo experimenta.
Explícale que el miedo es un sentimiento temporal y que, aunque incómodo, no representa un peligro real. Puedes compararlo con situaciones cotidianas en las que también sentimos nerviosismo sin amenaza: hablar en público, subir a una montaña rusa o ver una película de suspenso. En todos esos casos, si permaneces el tiempo suficiente, la intensidad del temor baja por sí sola.
Para ilustrarlo, siéntate con tu hijo a conversar en un ambiente relajado antes de acostarse. Dile que el miedo se activa en el cerebro para protegernos, pero que solo dura unos minutos y luego se disipa.
Recuérdale que él mismo ha superado miedos en otras ocasiones. La segunda creencia equivocada es pensar que quien siente ansiedad no puede tolerarla. Muéstrale ejemplos de valentía cotidiana: un adulto que aguanta hablar ante mucha gente o permanecer en un lugar incómodo hasta que se acostumbra. El objetivo es que entienda que soportar la incomodidad no le hará daño y que puede aprender a convivir con ella hasta que desaparezca.
Al reforzar la idea de que el miedo es temporal y tolerable, comenzarás a cambiar su percepción. Ahora estarás listo para aplicar un método práctico: la exposición gradual con ayuda de un gráfico.
Este paso combinado con un buen ambiente de descanso —luz tenue, rutina relajante y despedidas cariñosas— facilitará que el niño gane confianza y reduzca sus niveles de ansiedad.
EXPOSICIÓN GRADUAL MEDIANTE EL GRÁFICO DE MIEDO
La técnica de exposición gradual utiliza un gráfico sencillo para registrar y visualizar la evolución de la ansiedad mientras el niño permanece en la cama. En un papel grande o pizarra, dibuja dos ejes: el vertical marca el nivel de miedo o ansiedad del 0 al 10 (0 = tranquilo, 10 = máximo terror) y el horizontal representa el tiempo en minutos (5, 10, 15, 20…).
Con la cooperación de tu hijo, acuerda que él se acueste en su cama, apague la luz y valore su miedo inicial con un número del 0 al 10. Ese es el punto de partida que anotas en el gráfico.
Luego sales de la habitación durante 2–5 minutos. Cuando regreses, pregúntale de nuevo “¿qué puntaje de miedo tienes ahora?” y registra el segundo punto. La idea no es lograr un descenso drástico inmediato, sino comprobar que, aunque empiece alto, la línea tiende a bajar con el tiempo.
Repite estas comprobaciones cada pocos minutos hasta que el niño se quede dormido. A veces se dormirá entre la segunda y tercera visita, otras veces necesitará más rondas.
Al día siguiente, revisa el gráfico con él. Comenta cómo el valor inicial se redujo 10, 15 o 20 minutos después. Esta evidencia visual ayuda al niño a entender que el miedo no se mantiene indefinidamente.
Puedes cambiar de color cada noche para que el progreso sea más evidente: ver varias curvas descendentes refuerza la idea de que la exposición repetida le permite habituarse a la situación. En psicología, a este proceso se le conoce como habituación o desensibilización sistemática. El cerebro aprende que permanecer en la cama no conlleva peligro, así que deja de producir esa intensa sensación de ansiedad.
REFUERZO POSITIVO Y SEGUIMIENTO DE PROGRESO
El refuerzo positivo es clave para consolidar el avance. Al despertar, elogia a tu hijo con entusiasmo: enfatiza lo orgulloso que estás de su valentía y constancia. Un reconocimiento verbal, un abrazo o una palmada cariñosa pueden ser más que suficientes.
Para algunos niños, incorporar una pequeña recompensa—una dona, una pegatina o tiempo extra de juego—es motivador, pero procura no crear dependencia de premios materiales. Empieza felicitándolo sin regalo; si no muestra interés, introduce un incentivo sencillo.
Cada mañana comparen juntos las curvas de miedo de la noche anterior con las anteriores. Señala el descenso de la pendiente o la reducción de minutos necesarios para dormirse. Deja que él mismo celebre su progreso: “Mira cómo bajó tu nivel de miedo en cuestión de minutos”. Esa auto-reconocimiento fortalece su autoestima y refuerza la sensación de control sobre sus propias emociones.
Además, lleva un registro en una libreta o pizarra común para que ambos puedan consultar el historial de forma continuada. Un calendario con pegatinas de colores, por ejemplo, puede servir para marcar cada noche exitosa de quedarse solo en su cuarto.
Estas estrategias no solo evidencian el avance, sino que transforman la experiencia en un proyecto compartido entre padres e hijos, generando colaboración y responsabilidad.
PRÁCTICA DIURNA, CONSISTENCIA Y TÉCNICAS COMPLEMENTARIAS
La consistencia es esencial. Antes de la hora de dormir, practica el método en un momento diurno: simula la rutina de acostarse, apaga la luz y mide el miedo tras unos segundos. Haz un “ensayo” breve de 30–60 segundos, anotad el valor y concluid con un elogio. Este “rehearsal” ayuda al niño a familiarizarse con el proceso sin la presión del cansancio o el contexto real de la noche.
Al llegar el momento de dormir, él ya sabrá qué esperar y estará más dispuesto a cooperar. En caso de protestas o deseos de regresar a la cama de los padres, mantén la postura inicial: invita al niño a quedarse y recuérdale que es capaz de tolerar esa sensación. Ceder en ese momento equivale a reiniciar el aprendizaje, por lo que la firmeza con respeto es fundamental.
Para complementar el método, cuida la higiene del sueño: establece una rutina constante que incluya un baño tibio, lectura de un cuento tranquilo o música suave. Una luz nocturna tenue puede reducir la percepción de oscuridad extrema.
Mantén el ambiente ordenado, con temperatura agradable y sin estímulos electrónicos al menos 30 minutos antes de acostarse. Técnicas de respiración profunda o relajación progresiva de músculos también resultan útiles.
INFORMACIÓN ACTUALIZADA Y RECURSOS ÚTILES
- Organización Mundial de la Salud (OMS): recomendaciones sobre rutinas de sueño y ambientes seguros en la infancia. https://www.who.int
- Asociación Americana de Psicología (APA): guías sobre técnicas de relajación, respiración y manejo de la ansiedad infantil. https://www.apa.org
- National Sleep Foundation: pautas de higiene del sueño, horarios recomendados y consejos para optimizar el descanso de niños. https://www.sleepfoundation.org
- App “Calm Kids” o “Headspace for Kids”: programas breves de meditación y cuentos relajantes adaptados a diferentes edades.
- Estudios recientes muestran que el uso moderado de recompensas sociales (elogios, tiempo de calidad) resulta tan eficaz como incentivos materiales para fomentar hábitos de sueño independientes.
Con esta combinación de exposición gradual, refuerzos positivos, prácticas diurnas y apoyo en higiene del sueño, tu hijo aprenderá a dormir solo en su habitación con menor estrés y mayor seguridad.

